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Los expertos opinan

Autovacunas para ganadería.
Cuándo, cómo y porqué

Dra. Ana Belén Fernández Ros

Responsable del Departamento de Autovacunas Exopol S.L. Autovacunas y Diagnóstico Veterinario

En los últimos tiempos, todos los que nos dedicamos directa o indirectamente a la producción animal andamos un poco locos y alarmados por las nuevas regulaciones en el uso de antibióticos. Como técnicos en salud animal seguiremos defendiendo su uso responsable pero, llegados a este punto, lo que no podemos negar es que debemos aprender a trabajar de otra manera, tanto en medicina veterinaria como en humana. La prescripción de antimicrobianos solo tras la obtención de un antibiograma es un requisito necesario que ya estamos cumpliendo, generalmente con buen criterio, pero no debemos quedarnos ahí. Es el momento de cambiar el chip.

El sector ganadero necesita herramientas que le ayuden a controlar los procesos infecciosos que inevitablemente se dan en la producción animal, sobre todo en la ganadería intensiva, de modo que nos vemos obligados a buscar alternativas a los antibióticos, pero no nos olvidemos de las que ya tenemos a nuestro alcance. Una de ellas es la vacunación, que a lo largo de la historia se ha demostrado como una de las medidas más eficaces para prevenir las enfermedades infecciosas. Eso sí, hablar de vacunas es hablar de prevención y de la necesidad de establecer un programa sanitario específico para una unidad productiva que deberemos aplicar de forma continuada para observar resultados a medio-largo plazo.

Protagonismo de las autovacunas en veterinaria

Aunque muchas de las vacunas desarrolladas en veterinaria han obtenido un éxito brillante, es cierto que no disponemos de vacunas registradas para todos los procesos infecciosos. Este problema se da especialmente en los procesos producidos por bacterias. Es aquí donde las autovacunas toman protagonismo, ya que cubren el vacio que dejan las vacunas comerciales, sobre todo para aquellas especies consideradas menores (pequeños rumiantes, conejos, caballos, y algunas especies avícolas y acuícolas distintas a las mayoritarias) para las que no es rentable registrar un producto, o para aquellos procesos menos frecuentes que no por eso menos importantes que se dan también en especies mayores. Son un recurso muy útil siendo preventivas, seguras, eficaces y asequibles y su uso está muy extendido en otros países europeos de nuestro entorno (Alemania, Francia, Bélgica) así como en América del Norte.

¿Qué es una autovacuna?

Las autovacunas existen porque el sector las demanda y su producción y uso está regulado en nuestra legislación vigente. El Real Decreto 109/1995 sobre medicamentos veterinarios que ha regulado su uso hasta la actualidad en nuestro país recoge la siguiente definición: “Autovacuna de uso veterinario”: medicamento veterinario inmunológico individualizado, elaborado a partir de organismos patógenos y antígenos no virales, obtenidos de un animal o animales de una misma explotación, inactivados y destinados para el tratamiento de dicho animal o explotación. Este texto deja claro que en España las autovacunas no pueden incluir virus, que deben utilizarse microorganismos inactivados y que cada una de ellas está destinada para una única explotación ganadera.

El nuevo reglamento Europeo 2019/6, publicado en enero de 2019 que entrará en vigor a partir de enero de 2022, establece normas relativas a la introducción en el mercado, la fabricación, la importación, la exportación, el suministro, la distribución, la farmacovigilancia, el control y el uso de los medicamentos veterinarios. Este reglamento pretende regular de forma armonizada en todos los países de la UE todo lo referente a los medicamentos veterinarios, incluidas las autovacunas. Las novedades más notables a este respecto que aporta son dos: la primera es que abre la posibilidad de que las autovacunas víricas estén permitidas, como ya lo están en otros países europeos, y la otra es que una misma autovacuna pueda ser aplicada a todas las explotaciones entre las que haya un vínculo epidemiológico, y no solo en la granja en la que se han obtenido los patógenos como ocurre en la actualidad. Un claro ejemplo de esto son las pirámides productivas en ganado porcino, en las que podemos detectar una bacteria patógena como causa de graves problemas clínicos en los animales de engorde de un cebadero pero es necesario vacunar a las madres y/o abuelas alojadas en una granja distinta, para prevenir la transmisión en los siguientes lotes de lechones. Lo que sigue estando claro es que no pueden incluir microorganismos vivos, ni siquiera atenuados, lo que por otra parte, las hace muy seguras.

Motivos para su uso

La variabilidad antigénica de muchos patógenos infecciosos impide obtener una vacuna universal para las enfermedades provocadas por ellos, dándose lo que conocemos como inmunidad específica de serotipo. La utilidad de las autovacunas en esos casos, como medida altamente específica, es incuestionable. Además, la posibilidad de incluir en una misma vacuna la combinación especifica de agentes o serotipos presentes en una explotación ganadera que puede ir modificándose a medida que evolucionan los patógenos, es otra de las ventajas de las autovacunas. Por ejemplo, es muy común el uso de autovacunas combinadas en procesos digestivos, que suelen ser multifactoriales.

Ante procesos emergentes, siempre que correspondan a patologías no sometidas a control oficial y para los que sea posible producir autovacunas, la rapidez de respuesta que obtenemos mediante su uso es de gran importancia. A menudo, la mejora de los índices de producción que se consiguen con mejora genética, alimentación y manejo va acompañada inevitablemente de la aparición de nuevas patologías o del aumento de patógenos que hasta ahora no eran importantes y para los que es posible elaborar autovacunas.

De forma tradicional, las autovacunas han sido y siguen siendo una tabla de salvación en las especies menores y en las patologías infecciosas menos frecuentes que de otro modo nos veríamos obligados a controlar basándonos exclusivamente en antibioterapia o en el peor de los casos, no podrían ser controlados.

Requisitos para su elaboración

Es imprescindible que el laboratorio haga un diagnóstico diferencial de calidad antes de plantear una autovacuna para una patología determinada. Solo cuando hayamos demostrado que se trata de un proceso infeccioso, hayamos identificado correctamente el agente productor y lo hayamos aislado en cultivo, podremos hacerla. Aquí debemos hacer hincapié en que el diagnóstico laboratorial a menudo es costoso, siendo tan importante o más una correcta toma de muestras, en cantidad y calidad. Los métodos de diagnóstico son cada vez más rápidos y precisos y hoy en día nos permiten llegar a la identificación de los patógenos más allá del nivel de especie. En algunos agentes es importante identificar los distintos serotipos, en otros los factores que les confieren virulencia y que los diferencian de cepas apatógenas. Todo esto nos permite identificar la variabilidad de patógenos asociados a un proceso clínico en una población animal, que a menudo es mayor de la esperada. Cuanto mejor identificamos los patógenos, más fácil es hacer la selección de cepas que incluiremos en la autovacuna y mayores serán las probabilidades de éxito de la misma.

Una vez realizado el diagnóstico y obtenidas en cultivo las cepas de los patógenos, el veterinario deberá hacer la prescripción para la elaboración de las dosis solicitadas. Cada autovacuna se produce de forma individual, en base al diagnóstico previo. Es por ello fundamental tener un laboratorio productor de autovacunas de confianza, que esté autorizado para ello por la Comunidad Autónoma donde se ubique y con una experiencia acreditada.

El laboratorio productor multiplicará los agentes hasta obtener la cantidad de antígeno necesaria para las dosis a fabricar y añadirá el adyuvante idóneo, muy importante para aumentar la respuesta inmune tanto en intensidad como en duración.

El tiempo de producción variará dependiendo del patógeno, con una media de entre 3 y 5 semanas, periodo en el que se incluyen los estrictos controles de calidad a los que debe ser sometida cada una de las autovacunas.

Cuándo y cómo aplicar las autovacunas

Cada autovacuna es única y se destina a una explotación o unidad epidemiológica de forma individualizada. Del mismo modo su protocolo de aplicación deberá adaptarse en cada caso siguiendo siempre las recomendaciones del fabricante. No obstante, al tratarse de vacunas inactivadas, deberemos administrar de forma general 2 dosis para la primovacunación y posteriormente aplicar dosis de recuerdo de forma periódica, siendo muy importante diseñar de forma específica el protocolo para los animales de reemplazo cuando hablamos de reproductores. Sobra decir que es imprescindible vacunar animales en buen estado sanitario para que su sistema inmune pueda reaccionar adecuadamente.

Lo ideal es que se tenga en cuenta el uso de autovacunas en el programa sanitario de la explotación y se añada a la planificación del mismo. Vacunar – autovacunar en este caso – no es totalmente efectivo si la vacunación no se mantiene a lo largo del tiempo. Muchas veces se piensa que, al no haber problemas manifiestos ya le hemos ‘ganado la batalla’ al patógeno en cuestión, y es ahí cuando se baja la guardia, se deja de administrar la autovacuna y resurgen los problemas.

También es importante no olvidarse de hacer un control diagnóstico de los animales, pues las cepas de la explotación pueden cambiar afectando a la eficacia de la autovacuna si ésta no se actualiza. En caso de detectar una cepa diferente está podrá ser incorporada en los nuevos lotes de autovacuna que fabriquemos para esa explotación o unidad epidemiológica.

La vacunación es un método preventivo. Si vacunamos a todos los animales de forma correcta, aumentamos la inmunidad y por tanto la resistencia de esos animales a ser infectados, pero además disminuimos la presión de infección, evitando la diseminación del agente causal entre la población, lo que generaría unas pérdidas mucho mayores.

Como conclusiones

Las autovacunas no han estado exentas de polémica en el pasado, debido en parte a irregularidades observadas en su producción o aplicación. A menudo se han utilizado de forma poco rigurosa ante una situación límite para la que ninguna otra medida se había mostrado efectiva esperando que obraran una especie de milagro.

Hoy en día, la investigación también es constante en el campo de las autovacunas. Desde la mejora en los métodos diagnósticos con los que cada vez identificamos mejor a los patógenos y su comportamiento en las poblaciones animales, hasta los avances en la multiplicación, identificación y cuantificación de antígenos que aplicamos a la producción de productos inmunológicos.

La experiencia acumulada durante más de 25 años, nos permite afirmar que las autovacunas que se prescriben tras un correcto y completo diagnóstico laboratorial y con una adecuada aplicación en el campo, son altamente eficaces en la prevención de muchos procesos infecciosos, a la par que rentables. Podemos afirmar que son una herramienta imprescindible a tener en cuenta dentro de las estrategias de control sanitario.

- Dra. Ana Belén Fernández Ros

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