Alimentamos crecimiento

Los expertos opinan

Hacía una producción responsable.
El ejemplo de la recría de novillas

Javier Martín-Tereso.

PhD. Ruminant Research Manager, Trouw Nutrition R&D

Los que trabajamos en el sector agropecuario vivimos nuestro trabajo con pasión y orgullo. Somos conscientes de que la comida nunca en la historia de la humanidad fue tan abundante, económicamente accesible y tan segura para su consumo. Cumplidos estos objetivos, nos movemos hacia la excelencia organoléptica, y progresamos día a día hacia una Producción Responsable.

Producción Responsable, ¿Por qué responsable? Nuestra profesión conlleva una enorme responsabilidad por tres motivos: Porque trabajamos con animales, porque producimos comida y porque utilizamos recursos naturales.

Los animales no son un factor productivo material como los demás, son seres vivos y como tales merecen nuestro respeto y maximizar su bienestar es nuestra responsabilidad profesional. A la vez, la comida no es un producto convencional. Su importancia en términos de garantía y seguridad alimentaria hacen de la comida un recursos crítico y esencial en nuestra vida. Un recurso cuya producción requiere el uso de grandes cantidades de recursos naturales, un uso que tiene que ser renovable.

Los profesionales de nuestro sector sabemos que cada día la producción animal avanza en términos de responsabilidad con los animales, responsabilidad alimentaria y responsabilidad medioambiental. Cada innovación en nuestro sector, aun motivadas casi siempre por el beneficio económico, siempre afectan positivamente uno, dos o los tres aspectos y ya es inaceptable que una nueva tecnología comprometa ninguno de los tres.

¿Por qué entonces la tecnología de producción animal sufre de una opinión pública tan negativa? ¿Por qué los consumidores idealizan un pasado romántico de producción agroalimentaria sin tecnología? No es este artículo una ocasión para analizar preguntas tan complejas como estas, pero sí una ocasión de estimular una aceleración hacia la producción animal responsable.

Las primeras fases de intensificación de la producción animal buscaban un incremento de la productividad y eficiencia, pues el objetivo era mejorar el acceso a la comida, y para eso, ésta debía ser más asequible. En una segunda fase, esa comida asequible además debería ser segura para su consumo. Estas prioridades han ido cambiando según la tecnología ha hecho que el acceso a la comida no sea algo limitante en nuestras vidas, y damos por sentado su disponibilidad y seguridad.

Ahora, se podría decir que los objetivos han cambiado y que estamos dispuestos a sacrificar eficiencia y costes a cambio de una producción animal responsable. Esto es verdad, pero la realidad es aún más prometedora. La producción responsable no está siempre reñida con la eficiencia económica, a menudo son perfectamente compatibles y en muchos casos están totalmente unidos. El auténtico reto de la innovación en la actualidad es integrar con nuevas tecnologías el beneficio económico con la Producción Responsable, avanzando hacia la Intensificación Sostenible.

El ejemplo de la recría en vacuno lechero

La producción láctea, desde la domesticación bovina, caprina y ovina, es en esencia un sistema de producción en el que la leche de estos mamíferos se desvía al consumo humano. Esto presenta un conflicto con la alimentación de la descendencia, ya sean animales de reemplazo o destinados a la producción cárnicaDesde un ángulo simplista, el destete temprano y el reemplazo de leche por alternativas más económicas, presenta beneficio económico directo. Por otro lado, en los últimos años los tremendos costes indirectos de llevar este principio al extremo, cada vez son más evidentes. Invertir en las terneras de recría, ha demostrado ser una gran inversión desde un punto de vista económico.

Aunque no debemos olvidar, que independientemente de esto, salvaguardar el bienestar y salud de estos animales es nuestra responsabilidad profesional. La recría con un uso racional de antibióticos es también nuestra responsabilidad con la salud humana, ante el reto de la aparición de bacterias resistentes. Por último, optimizar los recursos empleados en la producción de leche, y que este uso sea renovable, es otro aspecto de responsabilidad, en el contexto de una población creciente y de unos recursos naturales finitos.

Un destete extremadamente temprano, o un reemplazo de leche inadecuado para las terneras, tiene unas consecuencias muy costosas de tipo económico y de responsabilidad productiva. Por un lado, se retrasa el crecimiento, el desarrollo y desaprovecha la mayor eficiencia nutricional en la temprana edad, retrasando la incorporación a la fase productiva. También, se compromete la salud en las primeras semanas de vida, resultando en costes veterinarios adicionales, medicaciones y costes de morbilidad y mortalidad. Además, esto puede crear una dependencia en el uso de antibióticos en animales jóvenes. Estos costes son bastante visibles y generalmente conocidos. Por otro lado, solo desde hace poco hemos descubierto que los efectos de una recría inadecuada son aún mayores cuando los animales llegan a la fase adulta y se enfrentan al gran desafío de la lactación.

En los últimos años, investigaciones de nuestro grupo han descrito como una carencia de nutrientes en las primeras ocho semanas de edad afecta profundamente el metabolismo de la vaca lechera adulta. Al igual que la nutrición inadecuada de neonatos humanos deriva en problemas metabólicos como la obesidad o diabetes a largo plazo. La nutrición de las terneras en las primeras semanas de vida condiciona su capacidad de regular su ingesta de alimento en la lactación, su capacidad para regular su condición corporal, y su capacidad para metabolizar la condición movilizada. En nuestros estudios, esto resulta en un menor reemplazo de animales en el primer tercio de la lactación. Este efecto en la salud y robustez metabólica a largo plazo es quizás el mayor retorno de la inversión en la recría de las terneras. A la vez, esto representa una mejora del bienestar de los animales adultos y afecta profundamente la eficiencia de transformación de recursos agrícolas en leche, pues la mayor ineficiencia de la producción láctea intensiva viene por un exceso de recursos dedicados al reemplazo.

En este caso, la responsabilidad productiva va de la mano con los objetivos económicos del productor de leche. La reducción de costes de salud, reducción costes del reemplazo y mejora de eficiencia productiva en la explotación ganadera, rápidamente eclipsan la inversión en las terneras de primera edad. Sobre todo, porque la inversión más importante no tiene un coste económico claramente tangible. Un encalostrado adecuado, un manejo higiénico de las terneras, un alojamiento adecuado, seco y limpio, no requieren una inversión económica, sino más bien una inversión personal y profesional por parte de nuestros ganaderos. Asistir partos y encalostrar terneras y terneros por la noche no tiene precio, pero sí tiene premio. Solo cuando estos factores de manejo están cubiertos, el aporte de leche o de lactoreemplazante cumple su cometido como inversión. Solo los animales sanos usan eficientemente los nutrientes aportados, y solo los animales que reciben un aporte adecuado de nutrientes en esa corta ventana de oportunidad de las primeras semanas de vida, desarrollan un fenotipo metabólico sano a largo plazo.

Otro aspecto de la integración de producción responsable y rentabilidad productiva es el reemplazo de la leche por lactoreemplazante. Mientras que en nutrición de bebés humanos la referencia es la leche materna, en el caso que nos ocupa no debemos olvidar que el propósito último del sistema es exportar leche para consumo humano, minimizando los recursos empleados. Si la sostenibilidad de la producción de leche y carne de rumiantes se basa en la capacidad de estos animales para alimentarse de recursos que no compiten con la nutrición humana, esto debería extenderse a la nutrición de terneras y terneros.

Excluyendo factores de higiene, sanidad y manejo nutricional, también para nosotros la leche entera debería ser también un referente en el plano nutricional. Sin embargo, tecnológicamente somos capaces de acercarnos a ese referente nutricional, utilizando fracciones lácteas de menor valor y tecnología de incorporación de grasas. El lactoreemplazante es una tecnología que aporta higiene, facilidad de manejo y garantía nutricional y sanitaria, pero que además debe presentar una ventaja económica con respecto a la leche entera y ser una tecnología de sostenibilidad, permitiendo exportar una mayor cantidad de leche, mientras que se reciclan esas fracciones lácteas de menor valor.

Esto es especialmente relevante en el nuevo contexto de nutrición de terneras, en el cual consideramos unos volúmenes de leche por animal de alrededor de 400 litros. Cantidades que son incompatibles con el uso de leche no comercializable por la explotación. No es posible obtener estos volúmenes con la producción de transición entre el calostro y la lactación. Cabe mencionar a este respecto, que el uso de leche de vacas tratadas con antibióticos no es de ninguna manera una práctica aceptable, desde un punto de vista nutricional ni de uso responsable de antibióticos.

La calidad del lactoreemplazante cobra especial importancia ahora que se suministra en cantidades mucho mayores que en pasado. Cuando aportamos alrededor de ocho litros en dos tomas diarias, el riego de trastornos digestivos puede aumentar. En la actualidad, los lactoreemplazantes de alta calidad ganan terreno frente a alternativas más económicas, pues solo con calidad las terneras responden adecuadamente a este aumento de la cantidad aportada. En este nuevo contexto, factores de riesgo digestivo como el contenido de lactosa o la fracción mineral acumulada en ingredientes como el suero, deben considerarse para no sobrepasar la tolerancia nutricional a estos nutrientes.

Con estos aportes de lactoreemplazante, el destete también requiere más atención que en el pasado. El consumo de solidos se retrasa de forma natural y nos obliga a destetar algunas semanas más tarde y a aplicar protocolos de destete progresivo y no abrupto. De otra forma, el beneficio obtenido en las primeras semanas de vida puede perderse con un frenazo de crecimiento al destete, o incluso peor, en una crisis de salud en esta fase.

En resumen, la recría de terneras y teneros en explotaciones de leche ha cambiado radicalmente en los últimos años. La mejora de la nutrición, manejo y en consecuencia la mejora de salud, ha mejorado el bienestar de los animales, el uso más responsable de los antibióticos y la eficiencia de uso de recursos empleados para la producción de leche. Este es un gran ejemplo de innovación hacia una Intensificación Sostenible de la producción animal, que demuestra una integración de responsabilidad productiva y rentabilidad económica.

- Javier Martín-Tereso.

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