Alimentamos crecimiento

Los expertos opinan

Los antibióticos:
el pasado en la cría de animales de abasto

Pedro Peñalver

Lidervet

Antecedentes

La industrialización que se originó al finalizar la II Guerra Mundial, con el abandono de las gentes de los campos y su concentración en la ciudad, hizo necesario el desarrollo de una crianza intensiva de animales en espacios reducidos. Esta circunstancia dio lugar a la aparición de nuevas enfermedades, que en esos principios se trataron de manera muy alegre mediante unas nuevas moléculas recién aparecidas que se denominaron antibióticos. Sus resultados espectaculares en humana llevaron a aplicarlo a la crianza intensiva de animales, cuando estos enfermaban.

Uso de antibióticos como mejoradores de la producción animal

La casualidad hizo ver que dosis subterapéuticas de antibióticos mejoraban los resultados de las producciones de animales: enfermaban menos y producían más. Esto mejoraba la eficiencia de la producción intensiva y aumentaba su rentabilidad, por consiguiente, ayudaba a satisfacer las nuevas necesidades de proteína animal para la población.

La concentración de animales de la producción intensiva permitía la infección de toda la cabaña y la reinfección de los más resistentes, produciendo graves pérdidas económicas. Para subsanarlas se iban utilizando antibióticos que, cuando pasaban a ser ineficaces, se cambiaban por otras moléculas de reciente aparición hasta que estas fracasaban. El problema más importante no era que el uso frecuente de antibióticos perdiera su eficacia en el tratamiento de las enfermedades de los animales si no que se generaban microorganismos resistentes que podían infectar a seres humanos. A principios de los años 80 del pasado siglo se originaron las primeras alarmas sobre esas resistencias, que anunciaban el fin del uso de los antibióticos como mejoradores de las producciones. Además, años más tarde se tomaba conciencia del mal uso de estas moléculas en el tratamiento de los procesos infecto contagiosos implicados  la salud humana y de su importancia creciente  en la aparición de resistencias.

¿A qué reto nos enfrentábamos?

El reto era hacer rentables las explotaciones ganaderas de cría intensiva sin uso de antibióticos ni quimioterapéuticos como mejoradores de las producciones, permitiendo obtener unos alimentos, sanos, sabrosos y seguros para el consumidor. Ello se ha hecho posible mediante el avance en el conocimiento de la naturaleza del animal. La rentabilidad viene dada en algunas especies animales por la genética, aunque está generalmente orientada a hacer animales más eficientes en sus transformaciones, y no necesariamente más resistentes a la enfermedad.

Alimentación, el mayor conocimiento de las necesidades nutritivas del animal permite formular raciones más eficaces que hace competitiva la crianza de animales sanos. La incorporación de determinados cereales y las formulaciones de alta densidad energética hace necesario el aporte externo de enzimas y de sustancias que mejoran la digestibilidad de la ración alimenticia.

El manejo o el arte de tratar al animal es llevar a la granja o al establo las condiciones ambientales más próximas a cuando el animal está en producción extensiva, esto es en semi libertad en el campo, pero a la vez conservando la eficiencia productiva. Se consigue mediante:

  • La potabilidad del agua de suministro mediante cloración,
  • La temperatura del ambiente para que esté en un equilibro entre mantener la cama o yacija seca, pero sin secar tanto el ambiente que produzca polvo que irrite el sistema respiratorio externo de los animales.
  • La renovación del aire, para que sin que haya corrientes excesivas, las concentraciones de amoniaco (depresor del crecimiento y origen de enfermedades) sean las mínimas posibles.
  • Los programas de luz para impulsar hábitos necesarios en los animales.

Otros puntos importantes

Aparte de las vitaminas, minerales, enzimas, que están dirigidos a poder formular raciones más competitivas, hay que destacar como fundamentales para mantener la salud de los animales,

  • Los programas de vacunación.
  • Los probióticos que competirán con la flora patógena
  • Los prebióticos que favorecerán el crecimiento de la flora láctica beneficiosa
  • Los posbióticos que son las moléculas beneficiosas que producen los probióticos.
  • Plantas y extractos de plantas que hacen más digestibles las raciones y minimizan los efectos adversos de algunos ingredientes de las raciones.
  • Los inmunoestimulantes

Los inmunoestimulantes

Los inmunoestimulante merecen un aparte dada su gran importancia para la salud del animal y en consecuencia para la rentabilidad de las explotaciones, se trata, no de curar animales sino de que estos sean más resistentes y no enfermen. Animales sanos dan alimentos más sanos, más sabrosos por ausencia de metabolitos de degradación y más seguros por ausencia de microorganismos y residuos de tratamientos

Hará unos 15 años aproximadamente que la EFSA consideraba crear un apartado para moléculas inmunoestimulantes, pero hasta este año 2019 no se ha creado. La realidad es como las ‘bruixas que, de haberlas, haylas’. Las moléculas inmunoestimulantes son de vital importancia, dada la proliferación de virus, especialmente en monogástricos, que frecuentemente expresan su virulencia con inmunodepresiones subclínicas que abren paso a los microorganismos patógenos. Hay que producir animales resistentes a las infecciones.

Aunque es indudable la utilidad de las vacunas, por su capacidad de prevenir o atenuar la enfermedad, pueden presentarse, en unas pocas ocasiones, ciertos inconvenientes, sobre todo en las que previenen las virosis, pues los virus, tienden a mutar con facilidad o crear mecanismos de resistencia que dificultan la preparación de vacunas.

También se debe considerar que, en ocasiones, una baja respuesta a la vacunación se puede producir por el deterioro del sistema inmunitario del animal por infecciones subclínicas previas. Este aspecto es muy importante, pues una buena vacuna puede fracasar porque el sistema inmunitario no es capaz de sintetizar los anticuerpos específicos para su defensa que induce la propia vacuna. De ahí que los inmunoestimulantes sean tan importantes, pues son unos potenciadores de las vacunas tan eficaces, y en determinadas condiciones fisiológicas del animal, más, que lo son las sales de aluminio.

Las infecciones subclínicas con frecuencia no se manifiestan, pero su acción larvada deja al animal con el sistema inmune deprimido, posibilitando la aparición de enfermedades bacterianas. En esos casos la enfermedad evoluciona rápidamente y la inflamación y formación de exudados, junto a la débil respuesta inmune, dificulta o anula la acción del tratamiento antibacteriano.

Como conclusiones

El uso de antibióticos como mejoradores de la producción animal, está prohibido en toda la CEE desde el año 2006. Su uso para el tratamiento de enfermedades se ha hecho prácticamente inexistente en animales de corta vida productiva, pues hay que respetar los periodos de retirada de cada medicamento; así por ejemplo las sulfamidas han desaparecido del arsenal terapéutico debido a su largo periodo de retirada, sobre 25 días según tipo.  En animales de vida más larga, si es preciso un tratamiento para una enfermedad imprevista, se evaluará si procede el uso de un antibiótico, siendo en algunas especies, como las gallinas ponedoras, motivo de sacrifico del animal. Caso de proceder un tratamiento éste siempre será de corta duración y se respetaran escrupulosamente los periodos de retirada, que son aquellos que garantizan que no queda en el animal o el alimento que produce, restos de antibiótico o sus metabolitos y así, por ejemplo, se retirará del consumo la leche mientras el animal esté en tratamiento.

Todos los alimentos de origen animal producidos en Europa, sea carne, leche o huevos que se ofrecen al consumidor, llegan con la garantía de estar exento de residuos de antibióticos o sus metabolitos para evitar resistencias que comprometan la salud de los consumidores.

- Pedro Peñalver

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