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Reducción de uso de antibióticos en producción porcina,
¿un problema o una oportunidad?

Enric Marco

Marco Vetgrup; SLP

Hablar de antibióticos ya no es un tema exclusivo de profesionales dedicados a la salud humana o veterinaria. Aparecen en multitud de medios de comunicación: en la televisión, en la radio, en los periódicos, en medios digitales, etc.  Y recientemente, casi siempre, para advertirnos de las consecuencias que ha tenido y puede tener su uso indebido.

Concretamente, cuando se habla de ellos en el ámbito de la producción animal, a menudo, se presentan como instrumentos usados para conseguir mejores producciones, reducción de costes, etc. En definitiva, aditivos usados por los productores y sus técnicos para enriquecerse, a costa de poner en riesgo la salud humana.  Sin embargo, y una vez superado el rechazo visceral que algunos de estos reportajes producen, conviene recordar que para la producción animal los antibióticos son un instrumento indispensable, cuando se trata de combatir algunos de los procesos infecciosos que pueden poner en riesgo la salud de los animales, su bienestar y en algunos casos su vida.

Muy posiblemente, aquellos profesionales dedicados a preservar la salud humana piensen de modo parecido.Es precisamente por este motivo que conviene reflexionar acerca de las consecuencias que su uso masivo puede tener, y en qué medida podemos contribuir a mitigarlas.

Durante años, en producción porcina, hemos aplicado de un modo muy eficaz el principio de la precaución. Hemos manejado la salud de las poblaciones animales usando los antibióticos en un modo más o menos profiláctico, o si se quiere, metafiláctico. Es decir, durante aquellos momentos críticos en que había riesgo de infección los animales se han medicado y para ello el método más cómodo, económico y controlable ha sido la medicación del pienso. Con el nuevo Plan Nacional de Resistencias Antibióticas, lanzado por la Agencia Española del Medicamento, se pretende cumplir con la normativa Europea que en línea con las recomendaciones de la OMS nos recomienda reducir, o incluso eliminar, siempre que sea posible, este tipo de medicaciones, y a justificar su uso, donde no pueda prescindirse de ellas.  A priori, parecería que estas medidas van en contra de la producción porcina, pero en realidad, suponen una motivación para todos aquellos que nos dedicamos a este sector. Es la oportunidad que necesitábamos para mejorar la imagen que el consumidor tiene de nuestro sector, para respaldar nuestros productos en un mercado europeo e internacional y para aplicar realmente toda la tecnología de que disponemos en el campo de la higiene, manejo, nutrición, control del clima, etc.

El productor siempre tiende a escoger aquellas soluciones a sus problemas que dan rápidos resultados, son de fácil ejecución y lo consiguen sin modificar sus hábitos de producción. Los antibióticos cumplen perfectamente con estos requisitos. Cuando los técnicos del sector hablamos entre nosotros, nos quejamos muchas veces de lo difícil que es poner en práctica soluciones cuya aplicación sea lenta, o que sus resultados no se obtengan rápidamente, o que requieran constancia y precisión en su ejecución, o que necesiten inversiones de mayor o menor envergadura, a pesar de que sus resultados sean, a la larga, mucho mejores en el control de las infecciones.

Ahora, ha llegado la hora de aplicar todo lo que sabemos y demostrar que la producción intensiva no está reñida con un uso racional de los antibióticos. Pero para ello, es imprescindible: trabajar con una buena higiene, a pesar de que sus resultados no se vean siempre a corto plazo; cambiar nuestros sistemas de manejo cuando no nos permitan aplicar la tecnología del todo dentro-todo fuera, aunque conlleven reorganizar tareas y trabajadores; modificar nuestras formulaciones de pienso en la dirección de priorizar la estabilidad intestinal y un correcto desarrollo inmunitario, aunque encarezcan o penalicen  ligeramente los resultados técnicos; mejorar la calidad ambiental especialmente en aquellos momentos críticos como son el destete o el paso a cebo, a pesar de que se necesiten algunas inversiones bien en equipamiento o energía; invertir en planes de eliminación de enfermedades, aunque para ello tengamos que modificar la logística, o alteremos los flujos de producción; revisar con una nueva perspectiva los planes vacunales, aunque supongan un incremento en coste y manejo; y aplicar las medidas de bioseguridad tanto externas como internas que permitirán mantener el estado sanitario inalterado, aunque cuesten dinero, tiempo y, a menudo, conflictos con proveedores y/o colaboradores.

Nuestros conocimientos son, en estos momentos, más que suficientes para conseguir lo que nos piden.  Solo necesitamos de la voluntad de todos para que sea una realidad.

- Enric Marco

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