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Cultura de la Bioseguridad, clave para evitar otra epidemia de gripe aviar

Aitor Devesa Ruiz-Bravo

Veterinario especialista en bioseguridad de explotaciones avícolas (CECAV)

Desde hace algunos años, el virus de la Influenza aviar de alta patogenicidad (IAAP) ha azotado con fuerza las explotaciones avícolas europeas. Millones de animales han sido sacrificados o han muerto a causa de este patógeno, provocando cuantiosas pérdidas económicas para el sector avícola. Desde el 2017, donde hubo diversos casos en granjas de patos, no se había vuelto a detectar el virus en explotaciones de aves de corral domésticas en España (sí habiéndose detectado casos puntuales en aves silvestres). El 18 de enero de 2022 cambió este paradigma cuando se detectó el virus en una granja de pavos de engorde en la provincia de Segovia. Desde ese día hasta el pasado 21 de marzo se han notificado en España un total de 31 focos en aves de corral, 3 en Castilla y León y 28 en Andalucía, además de 50 casos en aves silvestres repartidos por diferentes provincias españolas. Todos ellos causados por la variante H5N1.

Según el MAPA: “Las encuestas epidemiológicas realizadas en los focos, indican que las causas más probables de introducción del virus en estas explotaciones han sido el posible contacto con aves silvestres infectadas y la proximidad geográfica o contactos indirectos con focos anteriores (relaciones por vehículos de transporte o personal principalmente)”. De los 31 focos de IAAP, uno tuvo lugar en aves con acceso al exterior, donde el riesgo de contacto entre aves domésticas y aves silvestres infectadas con el virus es mayor, y el resto en explotaciones sin acceso al exterior. En este contexto, es posible que el origen de las infecciones primarias (contaminación de la granja a partir de un animal silvestre infectado) como de las secundarias (contaminación de una granja a partir de otra granja contaminada) esté relacionado con fallos en la bioseguridad.

¿Qué tipo de fallos han podido acontecer?

Es bien sabido que el virus de la IAAP permanece infectivo en las heces varios días. Una de las posibles causas es la entrada del virus en la explotación a través de la contaminación del calzado con excrementos de aves silvestres infectadas. Por ello es muy importante el calzado específico antes de entrar en cada nave, así como un pediluvio funcional. Una vez el virus ha infectado una granja y hasta que se detecta, se puede diseminar por varias vías hacia otras granjas. Una de las principales vías es el flujo de vehículos (camión de cadáveres, de gallinaza, de huevos y de animales vivos) y de personal (equipos de carga, de vacunaciones, mantenimiento, control de plagas). Si estos puntos de contacto entre granjas no se han controlado adecuadamente mediante medidas de bioseguridad (no utilización de vado de desinfección/arco o equipo sustitutivo en cada vehículo que entre a la granja, utilización de ropa y calzado compartido entre granjas, no desinfección de manos, etc.) podrían haber originado la transmisión del virus entre granjas (infección secundaria).

Otra opción es la entrada del virus en la explotación vehiculado por fómites, como pueden ser las plumas (el virus puede permanecer 30 días en forma infectiva). Estas plumas podrían provenir de aves migratorias infectadas o del transporte de animales vivos infectados o de gallinaza de explotaciones infectadas, introduciéndose en las granjas a través de los conductos de ventilación.

  1. Aves silvestres infectadas con IAAP.
  2. Contaminación calzado por heces con presencia de virus infectivo.
  3. No cambio de calzado y/o pediluvio no funcional antes de entrar a la nave.
  4. Infección de la manada de aves de corral domésticas (infección primaria)
  5. Flujo de personal contaminado hacia otras granjas (no cambio de calzado y/o pediluvio no funcional antes de entrar a la nave.
  6. Flujo de vehículos contaminados hacia otras granjas (no desinfección a la entrada de la granja)
  7. Entrada en la explotación de plumas contaminadas.
  8. Infección de otras manadas de aves de corral domésticas (infecciones secundarias)

Ya que el origen de los casos parece estar vinculado a fallos de bioseguridad, deberíamos interiorizar la importancia que tiene la bioseguridad para mitigar cada uno de los factores de riesgo de introducción de IAAP en nuestras explotaciones y así disminuir la probabilidad de aparición de focos.

¿Qué podemos hacer?

Es cierto que algunos factores de riesgo, como los geográficos o tipos de sistemas productivos, son difíciles de mitigar: localización de la granja en una zona de paso o de descanso (humedales) de aves silvestres migratorias (principales reservorios del virus) o en un área con una gran densidad de explotaciones avícolas; crianza al aire libre como gallinas camperas o recría de patos mulard en extensivo. Sin embargo, hay otros factores de riesgo que pueden ser mitigados de una forma relativamente sencilla implantando correctamente medidas estrictas de bioseguridad:

  • Entrada de vehículos restringida y previa desinfección mínima de ruedas y bajos.
  • Entrada de personal restringida y con ropa y calzado específico de la granja, así como desinfección de calzado y manos.
  • Correcta higienización del agua.
  • Pienso protegido del acceso a otros animales, conservación de aditivos de alimentación animal en recipientes totalmente cerrados (sacos de carbonato cálcico en ponedoras).
  • Control del origen de la cama (y su análisis periódico) y almacenado en un lugar que no pueda ser contaminado por heces de aves silvestres, etc.

Estas medidas de bioseguridad correctamente aplicadas no solo reducirán el riesgo de entrada de IAAP, sino que serán también efectivas para controlar otros microorganismos patógenos con importancia en salud pública como Salmonella y Campylobacter.

Para que todas estas medidas sean efectivas debemos de conseguir instaurar una cultura de la bioseguridad no solo en los productores responsables de las explotaciones, sino en cada una de las personas que entran en las explotaciones, ya sea diariamente (operarios) como esporádicamente (equipos de carga, de vacunación, de limpieza y desinfección, de desratización, transportistas, etc.).

¿Y en qué consiste?

Se trata de conseguir que todas estas personas cumplan y apliquen correctamente las medidas de bioseguridad implantadas como un hábito adquirido, sin esfuerzo y hacerlo cada día. Aquí tenemos un aliado necesario: la herramienta fundamental para conseguir este objetivo es la formación. Todo el personal involucrado en la crianza de las aves debe conocer el motivo por el que se aplican las medidas de bioseguridad y cuáles son las posibles consecuencias de no hacerlo correctamente. Es decir, un operario puede estar más motivado a pisar el pediluvio y no saltarlo si sabe que puede eliminar el virus de la IAAP adherido en su calzado y prevenir así las consecuencias que puede suponer la infección de la explotación con este virus y para la salud pública.

Convencidos de que la formación es uno de los pilares más importantes para mejorar la bioseguridad en el sector avícola, tanto CECAV como CESAC formamos parte del proyecto europeo NETPOULSAFE. Su objetivo final es mejorar el cumplimiento de la bioseguridad compilando, validando y diseminando las medidas de apoyo más exitosas tanto para productores y operadores del sector como para consultores y veterinarios en diferentes países europeos en los diferentes tipos de producciones avícolas. Por el momento y a raíz de los diferentes cuestionarios realizados, se ha evidenciado la necesidad en España de un tipo de formación más individualizada tanto para los productores como para todos los trabajadores de la granja e impartida por otro tipo de personal ajeno a la explotación. Vistas las necesidades, estamos validando una nueva medida de apoyo en diferentes granjas piloto que ha resultado ser un éxito en otros países europeos, coaching. Este nuevo tipo de formación individualizada trata primero de detectar los factores de riesgo de entrada de patógenos específicos de la granja (mediante la herramienta Biocheck.UGent) y por otra de que el productor se dé cuenta de la importancia de aplicar las medidas de bioseguridad que reducirían esos riesgos y se convenza de implantarlas y aplicarlas correctamente. Además, también incluye formación y concienciación a todos los trabajadores de la granja para que apliquen las medidas de bioseguridad implantadas correctamente. El coaching, así como otras medidas de apoyo serán recopiladas y diseminadas a través de diferentes canales y eventos y se creará una red de expertos europeos. Si desea participar en el proyecto no dude en contactar en la siguiente dirección de correo electrónico: a.devesa@cecav.es

- Aitor Devesa Ruiz-Bravo

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